Los activos intangibles de una empresa se definen por su naturaleza inmaterial. Este valor proviene de los conocimientos, habilidades y actitudes de las personas y empresas. Hay muchos tipos de activos intangibles como las patentes, marcas, derechos de autor, fondo de comercio, dominios de internet, franquicias, etc. En muchas ocasiones, los activos intangibles vienen reflejados en el balance de una compañía, por ejemplo el valor de las patentes, dentro de lo que se define como el valor contable de una empresa (lo que dice la contabilidad que vale la empresa en un momento determinado). Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones el valor de mercado suele ser diferente al valor contable. El mercado asigna valor adicional a los intangibles (expectativas de negocio, capital intelectual, fortaleza del equipo de dirección…) de forma que el valor de mercado es superior al valor contable. Podríamos decir que el valor intangible es la suma del valor ya contabilizado en el balance y el valor adicional que el mercado le asigna a la empresa. 

Mientras en 2018 las cinco mayores empresas mundiales lo eran principalmente por sus activos tangibles (IBM, Exxon, P&G, General Electric y 3M), en 2018 las mayores compañías por valoración lo son por sus activos intangibles: Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook). Mientras que en 1975 los activos intangibles contribuían con un 17% del valor total de las compañías, en el 2018 llegaron al 84% del valor total.

En un mundo cada vez más conectado y digital, la importancia de la innovación, la propiedad intelectual, los datos o la reputación se traduce en mayor valor de las compañías que los gestionan responsable y estratégicamente. Y entre todos los intangibles el que está cobrando un gran auge es el de la reputación. En poco tiempo la medida de la reputación de una empresa vendrá dada por las valoraciones que sus propios empleados hacen de ella. Las evaluaciones de las empresas harán caer o crecer su valor en el mercado y en la bolsa. Tal vez no debido a la importancia de los comentarios sino a su repercusión social. Las empresas pueden acabar viendo que las evaluaciones de sus empleados terminan por incluirse en los informes de auditorías y otros documentos oficiales.