Lo que antes se llamaba trabajo basura ahora se esconde bajo la etiqueta de economía colaborativa. Maestros del etiquetaje. Por ejemplo, los empleados han pasado a ser “proveedores” lo que significa que su relación con la empresa es comercial y no laboral. Al trabajador se le llama proveedor independiente y acuerdo con eso ya no trabaja para la empresa sino con la empresa, los salarios son facturas y el despido una simple baja como proveedor. ¿Todo por culpa de la crisis? Para Pere Beneyto, profesor de Sociología del Trabajo y de las Relaciones Laborales de la Universidad de Valencia, “Además de las consecuencias individuales, ha tenido un impacto casi orgánico que ha debilitado el nivel de tolerancia de la sociedad ante la explotación laboral», afirma. Por su parte, para Imanol Zubero Beaskoetxea, doctor en Sociología y profesor de la Universidad del País Vasco «la precarización se ha convertido en un modo de vida. Antes trabajabas o estabas en el paro, y pensábamos que si tenías un empleo no podías ser pobre, pero ahora hay un espacio intermedio: el de los trabajadores vulnerables. No hace falta ir muy lejos para verlos, están por todas partes. Son los repartidores, los que dejan publicidad en los buzones, los sonrientes jóvenes que nos paran por la calle para hablarnos de ONG o los que dan dinero a cambio de un trabajo. Mires donde mires, encuentras aspectos oscuros de explotación», dice el sociólogo vasco. Es malo, pero aún hay más. «Ya nos hemos acostumbrado a ver a gente explotada a nuestro alrededor», asegura.