Trabajé en la oficina de un operador turístico en un aeropuerto. El equipo está organizado piramidalmente de forma que el leader cobra sus comisiones de las comisiones que generan los miembros del equipo. Se han canibalizado. Venden lo que sea y a su madre. Presionan al cliente. Se saltan los preceptos de calidad en la atención al cliente, y el primero que promueve esto es el leader, así incrementa las ventas y cobra más. Todo es cortoplacista. Si trabajas bien no significa nada, solo si vendes mucho; si no vendes a toda costa el jefe te evaluará implacablemente mal, no te renovarán y serán creativos inventando otros argumentos aceptables para descartarte. Esto les resulta fácil porque no hacen fijos, somos todos temporales, contratos eventuales, uno tras otro. ¿Qué aprendí en esta experiencia? Lo primero, que  aunque no te guste no puedes hacer nada por cambiarlo de un día para otro, hay que aprovechar mientras estés dentro, vender, vender y vender y llevarte lo máximo tú también. Pero cuando se me pasó el deslumbramiento de lo que ganaba al mes comenzó un sentimiento de repugnancia.