Una vez entrevisté a una mujer nigeriana de aquellas que huyen de su país en llamas en busca de seguridad y bienestar en Europa. El viaje de estas mujeres lo leí un día en un artículo. Es inhumano: hambre, enfermedades, torturas, violaciones, y finalmente un embarazo no deseado que paradójicamente favorece su acogida en Europa. No me contó su caso en detalle evidentemente, pero refirió su periplo por encima, prodigiosamente resaltando más su lucha que su sufrimiento. Me maravilló la fortaleza y la bravura de sus ojos. No había rencor ni autocompasión. Solo ganas de salir adelante, de olvidar, de confiar en que existe una organización que le trate bien. No la puede contratar, desgraciadamente no hablaba inglés.